Sacrificarse para el día de mañana.

 

Sacrificarse para el día de mañana.

Finales de septiembre de 2026

 

 

15 de noviembre de 2024, con mi padre; falleció 15 días después

Si algo caracteriza la educación que me dieron mis padres era esa conocida frase: “Hay que sacrificarse para el día de mañana”. El día de hoy no es un día para disfrutarlo hoy. Es un día para prepararse para lo que ha de venir mañana. Luego, cuando empecé a estudiar la carrera leí sobre cómo Weber hablaba de la ética de la gratificación diferida, y de cómo eso formaba parte de la ética protestante que había ayudado al surgimiento del capitalismo. Y luego leí el famoso experimento de las nubes marshmallows que venía a decir que tener una elevada capacidad de auto control era clave para tener una vida exitosa.

Yo nací el mismo día que mi padre. Y en breve será el segundo cumpleaños que cumpla sin mi padre. Mi padre, según muchos estándares, tuvo una vida de éxito: ganó mucho dinero, y primero tuvo una familia “casi perfecta” (mujer, tres hijos, los tres con carreras y demás). Luego es verdad que pasados los 50 parece como que perdió la cabeza, se divorció, le sacaron los cuartos una que ni está claro que fuera su querida y terminó sus días con Alzheimer. Los últimos dos años lo iba a ver y le ponía música clásica. Lo disfrutaba un montón. Creo que era de las pocas cosas que pudo disfrutar en su vida, por esa manera en que le dijeron que tenía que ser. A mi padre le encantaba la paella. Le decías que si quería un plato más y te respondía “bueno, si no quieres más, si se va a quedar ahí, yo me sacrifico”.

El otro día fui a la residencia de mi madre. Había ido el lunes, me fui a trabajar a Tenerife y el viernes ya la fui a sacar de paseo de nuevo. Y me dijo algo así como “A ver si me explicas bien, porque yo nunca me aclaro dónde estás, ni dónde trabajas”. Mi madre tiene demencia vascular, así que entendí que tampoco servía de mucho hablar con ella. Porque lo que le hubiera dicho es “Mamá, claro que trabajo en Tenerife, desde hace más de 20 años que trabajo en la Universidad de La Laguna, lo que pasa es que siempre he estado viniendo a verte a ti y al resto de la familia”.  Dicen que nadie te agradecerá por no haber vivido tu vida. Aunque quizá sí te echarán en cara que no les hayan cuidado lo bastante. El otro día mi madre me decía “Ojalá no te veas como yo”. Así que supongo que lo que querría es que siguiera atendiéndola a ella. Encárgate de cuidar de tu padre, de tu madre, de todo el mundo. Con un poco de suerte, cuando ellos fallezcan ya no te quedará mucho a ti, y así no hará falta que te cuiden.

Frente al discurso que nos impone nuestra sociedad de que nada nunca es imposible, yo hace tiempo que digo que no es cierto, que hay muchas cosas que ya no son posibles. Si tienes más de 50 puede que no sea materialmente imposible que seas padre, pero desde luego es imposible que seas padre joven. Si ya tienes una edad, es materialmente imposible que tengas ahora tu mejor rendimiento deportivo. Y bueno, hay tantas cosas que, pasadas una edad, ya son imposibles. Lo bueno es que algunas de ellas son buenas.

¿Qué es aún posible, qué podrías hacer, a qué tendría sentido dedicar el tiempo que te queda de vida? No tiene sentido seguir sacrificándose para el día de mañana cuando ya hace tiempo que pasaste la mitad de tu vida, cuando no siempre está claro que vaya a haber un mañana. ¿Es posible cuando tienes cierta edad tener una vida social tan activa como cuando eras más joven? Cuando se es joven hay mucha gente con ganas de conocer gente, de relacionarse, de hablar. A veces haces muchos amigos, y amigas, y la gente siempre quiere quedar. Ya luego tienes una edad. Hay quien tiene que cuidar de los hijos, hay quien tiene que cuidar de los padres, y hay quien, sencillamente, ya no tiene ganas de quedar. Y ya por no hablar de lo de intentar ligar, y de lo polarizado que se ha puesto el mundo, que hace que la gente esté por defecto a la defensiva, y pensado que quien busca algo es que tiene carencias, que algo malo tiene que tener. En realidad, mi selección ahora es relativamente sencilla. Decía Burkemann en uno de sus libros que puedes hacer lo que quieras, lo único es que tienes que aceptar las consecuencias de tus acciones. Si te cansas del trabajo podrías dejarlo. Pero entonces tendrás que aceptar las consecuencias de quedarte sin fuente de ingresos, de estatus, de muchas otras cosas. Así que, si no renuncio a mi trabajo, ¿qué podría hacer? Podría hacer mi vida donde trabajo, pero entonces apenas vería a mi madre, y tendría que vivir pensando que no vi mucho a mi madre en sus últimos años. Y también dejaría de ver a mis amigos del colegio, de la infancia, a mi familia. El otro día me aconsejaba una amiga: el roce hace el cariño, ¿por qué no te apuntas a un club de lectura? Pues porque con mis horarios ahora, no tengo tiempo para ello. Supongo que tendría que adecuar mis horarios para poder disfrutar cada día, para que no haya días que tenga que vivirlos sacrificándome por el día que vendrá mañana. Claro que también puedes intentar disfrutar más de lo que haces ese día. A quien diga que todo depende de la actitud con que afrontas la vida le diría: vale, pásate un par de años yendo a ver a tu padre, a tu madre, varias veces por semana, teniendo que limpiarles la mierda y escuchando lo que dicen. ¿Qué actitud sería necesaria para que tener que limpiar mierda no sea, al menos en parte, una mierda?

Así que así me veo ahora. Durante años me dijeron que tenía que sacrificarme por el día de mañana. El día de mañana llegó, y hay cosas que no son nada agradables, así que ahí sigo, pensando en el día de mañana, que con un poco de suerte será mejor. Y sabiendo que cada día que pasa hace que ciertas cosas sean cada vez más difíciles. Pero aún así sabiendo que no se te permite quejarte. Así que quizá ése es el resumen. Ya no me sacrifico por el día de mañana. Pero si espero que el día de mañana pueda sacrificarme menos y disfrutar más.

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