Mercados, justicia y soberbia meritocrática
Mercados, justicia y soberbia meritocrática
Aunque en los tiempos que corren el
término se ha convertido en una palabra sagrada, desde la perspectiva de las
Ciencias Sociales un mercado es, básicamente, un mecanismo de coordinación y
asignación de recursos en que sujetos con cierta libertad intentan conseguir lo
que cada quien considera que son sus objetivos. Aunque mis amigos economistas
podrían incorporar muchos matices, como la información, más o menos perfecta,
la asimetría, los monopolios, monopsonios y mil cosas más, aquí me centraré,
para hacerlo más entendible, en dos mercados en los que todos, en un momento u
otro, hemos participado, si bien esto, hasta no hace tanto, era relativamente
inusual: los mercados de trabajo y los mercados de emparejamiento.
Que el trabajo, en algunas cuestiones,
pueda considerarse un mercado, significa que no hay una autoridad central que
decida, por ejemplo, tú vas a ser camarero, el otro va a ser médico y un
tercero será el empresario dueño del restaurante. Aunque las teorías críticas
sobre el mercado de trabajo incorporaran muchos matices respecto a la situación
actual, lo cierto es que, hasta lo que sociológicamente es antes de ayer, pocas
de estas cuestiones se organizaban siguiendo mecanismos de mercado. Nacías como
hijo de un zapatero y te tocaba ser zapatero. Nacías hijo de un campesino y te
tocaba ser campesino. Nacías hijo de un "empresario" (aunque entonces
no se les llamaba así) y te tocaba ser empresario. Como han señalado autores
como (Sennett,
2006) y Michel J. Sandel (Sandel,
2020), el desarrollo de los
mercados, en ámbitos como el trabajo, se ligó inicialmente al de la
meritocracia y las sociedades abiertas: dado que esto de que alguien se
convierta en general, sólo por ser hijo de general, sin tener aptitudes para
ello, hacía perder muchas batallas, y muchas vidas. Por supuesto, y dado que
una completa igualdad de oportunidades es un imposible, como ha señalado de
manera especialmente acertada Sandel (Sandel,
2020), el mercado no es un
mecanismo necesariamente justo. Y, en la vida cotidiana, pese a la creciente
soberbia meritocrática que él, entre otros, ha denunciado, la mayoría de la
gente no va por la vida en plan: "yo
soy médico, catedrático, o empresario de éxito; si alguien no lo es, es sólo
por ser un vago, o un deficiente mental, y no se merece más que mi desprecio".
La vida que al final cada quien acaba viviendo es el resultado del complejo
baile entre lo que la vida hace contigo y lo que tú haces con tu vida. Hay
quien tuvo que ponerse a trabajar desde joven porque su padre falleció, o se
arruinó, y no pudo estudiar para notario o dentista. Hay quien tuvo que cuidar
a su madre enferma. Y también, por poner un ejemplo, hay a quien le tocaron
unas cartas un tanto extrañas en la partida de la vida. Quizá te tocó nacer con
unas condiciones muy buenas para hacer determinadas cosas...pero en un entorno
en que nadie valoraba eso. Quizá naciste con unas estupendas condiciones para
el ski alpino...pero en Kenia. O quizá naciste con unas condiciones
estupendas para dedicarte al estudio…pero en una época y lugar en que eso estaba
vetado a quienes tenían tu sexo, tu color de piel, o pertenecían a tu clase
social.
Ahora pasemos del mercado de trabajo al
del emparejamiento. La soberbia meritocrática implica pensar que cada quien
tiene lo que se merece. Y que, si alguien está soltero, o no en el tipo de
relación que desearía, es porque se lo merece, porque es una persona tan poco
amable que no se merece ser amada. Tradicionalmente se ha tendido a pensar que
el prejuicio contra las personas solteras es muy sexista, que afecta fundamentalmente
a las mujeres. Conozco mujeres que son muy exitosas profesionalmente que en
estas fechas me decían..."tú que eres sociólogo... ¿por qué parece que no
importa lo que hayas hecho en tu vida que si llegas a San Valentín sin nadie la
sociedad te hace sentir que eres una mierda? A lo que tuve que responder que a
mí me pasa lo mismo.
Quizá lo que pasa es que la soberbia
meritocrática, que en otros ámbitos se matiza, se expresa con toda su crudeza
en los mercados de emparejamiento. Podemos entender que no todos llegan al
mercado de trabajo en igualdad de oportunidades. Pero, sin embargo,
pretendiendo hacer creer que ser guapo, alto y buen partido (uso términos
masculinos porque son los que me tocan, pero podrían ponerse los femeninos) no
importa. Que hay quien tiene cargas familiares y quién no. Asumimos que es
normal que cada quien intente mejorar como pueda en el mercado de trabajo.
Asumimos que haya quien diga "si hubiera podido elegir, quizá habría
estudiado para Notario, pero, como no pude, me conformo con llevar la imprenta
que heredé de mi padre, o con vivir del alquiler de los dos pisos que me
dejaron los viejos. O sea, asumimos que la gente tiene derecho a quejarse por
no ocupar la posición que querría en el mercado de trabajo. Y, sin embargo, cuántas
veces se escucha eso de “Si estás sól@ es
porque quieres". ¿Acaso le decimos a alguien "si no eres notario, o médico, o catedrático, es porque quieres”?
El mercado es un sistema de coordinación y asignación de recursos que no es
centralizado, pero tampoco justo, equitativo ni "moral", en el
sentido que se le suele dar al término.
Otro San Valentín más. ¿Cuánta gente se
habrá sentido mal por no estar en la situación en que desearía en el mercado de
emparejamiento? Ayer me compartieron un video gracioso que decía "Tranquilo si no tienes pareja el día de San
Valentín, tampoco tienes que estar muerto en Halloween". Claro que yo
podría plantear: ¿acaso el día del Trabajo las personas que no están bien
ubicadas en el mundo del trabajo deben sentirse culpables por ello? La gente
vive la vida que puede con la vida que le tocó vivir. Ocupar una buena posición
en un mercado no te permite tratar con desprecio a quienes ocupan posiciones
más precarias, en ese u otros mercados. No juzgues a nadie por cómo camina, no
sabes con qué zapatos le tocó hacerlo

Comentarios
Publicar un comentario